Lo que sucede hoy aquí no es banal. No es una casualidad fruto de una tarde romántica y reflexiones melancólicas en torno a lo pudo haber sido o lo que será. Tampoco es una anécdota. Yo no me atrevo a considerarlo ni siquiera un evento. Lo que hoy vivimos con intensidad y satisfación, sucede a pesar que la Comunidad Autónoma de Canarias lleva con una Ley de Bibliotecas olvidada en un cajón desde hace muchos años o que la Consejería de Educación ha dejado de destinar partidas finalistas a las bibliotecas escolares para adquirir libros. No hay responsable educativo ni del mundo de la cultura, que desaproveche una oportunidad para poner en valor la importancia de los libros o de la lectura. En cambio, los deseos y las palabras distan mucho de los hechos y de las cantidades específicas en los presupuestos.

Es por eso que reunirnos aquí para compartir la alegría de una decisión oportuna y acertada, como es la de nominar este espacio como «Biblioteca Joaquín Nieto Reguera», tiene un valor añadido: es un homenaje y un reconocimiento a los que, pese a las dificultades, creen en las bibliotecas, y más concretamente, en las escolares.

Las bibliotecas en los centros escolares deben de ser espacios abiertos y flexibles, dinamizadores de la cultura en los colegios; lugares para que la comunidad educativa, no solo el alumnado, descubra qué elementos nos configuran como entidad y son referentes. Las bibliotecas escolares deben ayudar a enfocar la mirada para dar respuesta concreta a los problemas cercanos, descubriendo como otros se enfrentaron y superaron los suyos. Es el espacio natural para debatir y desarrollar ideas, contrastarlas y aceptar otras; en definitiva, es un lugar para la convivencia y la tolerancia. La biblioteca escolar no es una oportunidad para unos cuantos, es un derecho para todos.

Si este lugar solamente estuviese ordenado, limpio y silencioso, aunque tuviese libros, no sería una biblioteca: más bien un almacén.

Si este lugar fuese atendido con las horas que sobran, a golpes de impulsos, sin un proyecto firme, significaría que está enferma de voluntarismo.

Si este lugar no reconociera a la Playa de las Alcaravaneras o al Cine Rialto o al muelle o a la Casa del Coño, viviría de espaldas a la sociedad a la que intenta educar.

Pero por suerte, nada de eso ocurre en esta biblioteca. Estamos ante un proyecto consolidado, un espacio que responde a las necesidades, con docentes comprometidos y que es capaz de poner en valor, como antes expresaba, lo que nos hace diferente. Y este barrio y este centro escolar es diferente, entre otras cosas, porque un escritor canario, un educador, que ha luchado y creído siempre en la literatura como herramienta para el cambio y el crecimiento personal, ha desarrollado su obra aquí al lado.

Un escritor no sólo escribe libros. Pensar eso es como creer que una pieza forma un puzzle. La obra de Joaquín tiene un significado especial: impulsa la reflexión, dinamiza el aprendizaje, propone, divierte… es honesta. La obra de Joaquín es una pieza más en este lugar y reconocerla significa, además, valorar el esfuerzo que ha supuesto para la comunidad educativa del CEIP Alcaravaneras mantener, sufragar, garantizar la supervivencia y, sobre todo, llenar de vida esta biblioteca.

Una biblioteca es el hogar natural de los soñadores, porque de los libros, son los lectores. Por eso, llamar a este espacio «Biblioteca Joaquín Nieto Reguera» es un compromiso irrenunciable por soñar y trabajar con una escuela mejor y con unos niños y unas niñas más felices.

Gracias Joaquín por tus años de trabajo, tus obras y reflexiones, tus horas en la radio, tu tiempo con la música… Siempre has huido de la multitud. Pero ahora no podrás escaparte nunca más; ahora tienes una biblioteca; ahora eres «El Principito de las Alcaravaneras».


 

 

 

 

 

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