Acabo de vivir, junto a mis hijos, la representación sobre la conquista de Gran Canaria, representada por la Asociación Cultural «Salsipuedes».

La presentan de la siguiente manera: «Nuestro único objetivo es que después de que asistas a nuestra propuesta, te cautive la historia de nuestras islas. Tú serás el autor de cómo quieres seguirla descubriendo, nosotros te ayudaremos porque continuará. ¡Qué disfrutes!»

Y vamos que si lo disfruté.

Hace año escribía una estrofa de una canción que decía:
«Quiero cantarle al pueblo
que me vio nacer,
porque de él viene el canto,
y a él a de volver».

Y eso fue lo que realmente sentí esta noche. Gente del pueblo contándonos una parte importante de nuestra historia, que nos configura y resalta nuestras señas de identidad, colocándonos en diferentes puntos de vista ante la historia de sangrienta conquista. Lo hacen con profesionalidad sin ser profesionales; con humildad y sencillez, pero con una suma enorme de honestidad. Y eso es lo que se le pide a un artista: que sea sincero con su público. Creo que nadie se ha marchado del Parque de Las Flores, en Arucas, sintiéndose engañado, y eso pone en valor, aún más, todo el trabajo realizado.

Conozco a Carlos Sosa y Juan Gabriel Santiago Casañas, de cuyos libros se inspiraron algunas de las escenas y sé de la labor que realiza Bilenio Publicaciones. Todos suman. Son gente de la cultura, sin más pretensiones que la trabajar para construir un futuro sin olvidar nuestro pasado. Debemos aprender de los errores cometidos, para que las generaciones posteriores puedan vivir en un lugar mejor.

«Salsipuedes» lleva años comprometido por la cultura y con la cultura. Y han preferido pasar a la acción. Hablar es fácil. Pero construir está más cerca de la verdad que todos perseguimos.

Un último apunte, si me lo permiten: no había fuegos artificiales, ni efectos de sonidos, ni decorados ambiciosos, ni recursos digitales, ni equipos monstruosos de sonidos, ni un presupuesto… Puro teatro. Y los jóvenes que me acompañaron y los que allí vi, no pestañeaban. Cuando se une esencia y contenido, sucede la magia que cautiva.

 

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