Diccionario de palabras prohibidas: Ojalá.

Ojalá.

Silvio Rodríguez compuso «Ojalá» en 1969, aunque aparecería en su álbum «Al final de este viaje» (1978). Se la dedicó, según cuenta el cantautor, a su primer gran amor. Por cierto, recomiendo escuchar las versiones del Ismael Serrano, Nahuel Pennisi o la interpretada por la «La Maravillosa Orquesta del Alcohol». «Ojalá que llueva café» (1988) de Juan Luis Guerra y los 4.40, que apareció en un disco que se llamaba igual que el tema, y que se convirtió en un himno a las esperanza y anhelos de un pueblo que buscaba, y busca, una mejora económica y social. Chavela Vargas interpretó el tema de su amigo «Ojalá que te vaya bonito» si no me equivoco en 1994. Hay varias versiones, pero como la de la gran dama Chavela, no he escuchado ninguna. El músico sevillano Beret, canta «Ojalá», de su álbum «Prisma» (2019), una canción que invita a ser fiel a uno mismo.

Ojalá es una interjección o exclamación. La RAE tiene una sola acepción para ella: «Denota vivo deseo de que suceda algo.» Alex Grijelmo, en su libro «La gramática descomplicada», define las exclamaciones como unos granos que le salen a la frase. Me parece muy oportuno. Son unas palabras anárquicas, tienen significado en sí misma, no concuerdan con ningún otro elemento de la oración y aparecen cuando les da la gana, como un grano.

Ojalá es una palabra que llevo años intentando domar. Es esquiva y pícara. Nos posiciona ante los deseos e ilusiones, pero también nos llena la mochila de pesados recuerdos: cosas que no pudimos hacer, proyectos que no acabamos, cuerpos que no besamos o emociones que relegamos para un futuro que casi nunca llegan.

Ojalá en un traspiés cotidiano, en una traba que nos enseñaron para estar continuamente deseando un paraíso perfecto pero inacabado. Nos lo enseñaron y la aprendimos para conformarnos. Para evitar revoluciones. Para que tengamos miedo. Para que estemos en silencio y así podernos pelear con nosotros mismos sin salpicar a nadie.

Ojalá no acompaña al presente. O se lamenta del pasado o se refugia en el futuro. Y somos tan orgullosos como especie, que creemos que podemos dominar el tiempo que pasó o prever el que aún no ha llegado.

Ojalá seamos capaces de encontrar ese equilibro entre los sueños y la frustración. ¡Vaya! La he vuelto a utilizar. ¿Qué les dije? Se mete por todos lados…

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