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Ojalá no vuelen más por aquí…

Lo que ayer se vivió en la playa de Las Canteras forma parte de nuestra manera de entender la vida. Los canarios somos así. También los hay toletes como en todos lados. A mi me ha emocionado muchísimo. Aunque no me ha sorprendido. Por eso me siento tan orgulloso de la gente que me rodea.

Pero la solidaridad no implica mirar para otro lado. Ni olvidar.

Cuando esto acabe definitivamente, lo lógico sería que los que estuvieron nos expliquen qué grado de responsabilidad tiene el modelo económico propuesto, durante tantos años, en el desastre acaecido. Y los que están, además de explicarnos de qué verde va a pintar la UNESCO la tierra calcinada, si se han puestos los medios preventivos adecuados y si los recursos son los correctos. Alguien debería de explicarnos que qué hubiera sucedido si no hubieran cerrado el puesto de bomberos de Tejeda, por ejemplo. Y si los afectados van a tener que sufrir, además, a los burócratas para recibir las ayudas. Si algo no aprendemos, si algo no cambiamos, si nadie pide perdón… no guardes la camisa verde, porque me temo que esta no será la última cadena de agradecimiento que tengamos que hacer.

Cuando nos digan de ir a plantar, yo no tengo ninguna duda de la respuesta del pueblo. Atentos a la maniobra de despiste. No podemos caer en el riesgo de suponer que la responsabilidad es solo nuestra, de la gente de a pié. Aquí TODOS jugamos la partida, aunque en ocasiones las fichas las muevan unos pocos y esos pocos jueguen en la parte del tablero que no arderá nunca.

Y si detrás de todo de esto no hay ningún loco ni malvado al que echarle la culpa, ¿quién es el responsable?, ¿en qué nos equivocamos?, ¿qué no hicimos bien?

Y llegará el momento de la foto. Nadie se la quiere sacar al lado de un tronco quemado. Pero todos querrán una junto a un niño plantando su arbolito. Ojalá me equivoque, como tantas veces me sucede… Ya veremos qué ocurre antes de la próximas navidades.

Este verano los héroes no son de película ni de series. Son de verdad. Tendrán hijos, problemas y facturas que pagar como muchos de nosotros. Pero ellos se juegan sus pestañas para que podamos seguir disfrutando de nuestros hijos, resolviendo nuestros problemas o pagando facturas, vamos, viviendo. Gracias de corazón y ojalá no vuelvan más por aquí, salvo para disfrutar de una romería, una paseo por Tamadaba sin fuego o un vinito de la casa junto a los amigos.

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