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Víctor Bastón Alonso: cuando los silencios son importantes

Nos reunimos en un espacio público. La conversación se deslizó en un ambiente afable, entre amigos, con confianza y aderezada de una cierta alegría. Quizás, porque Víctor tiene una mirada pizpireta y la vida le hace el regalo constante del optimismo moderado: un equilibrio que aporta paz, la necesaria para afrontar los restos del futuro. Y un colegio es presente y, sobre todo, futuro.

Los centros educativos languidecen en verano, cuando los pasillos están vacíos, las aulas huecas y el eco se apodera de cada rincón, esperando el inicio de un nuevo curso. Según Bastón, la terraza en donde nos encontramos y los colegios se parecen en «la libertad, en la frescura que te da el centro, esa sensación de que siempre hay vida».

Considera que una escuela debe ser un sitio amplio, de tránsito, con bulla. Me sentí aliviado, porque el lugar en donde estábamos tenía todo eso.

La transparencia en educación es un valor esencial. Los docentes nos equivocamos. Ya he escrito en otras ocasiones que no somos héroes ni tenemos poderes que nos hacen infalibles. Es esencial que el liderazgo educativo se realice desde la perspectiva del aprendizaje. Un buen director lo sabe: reconoce sus limitaciones y descubre que el ejercicio óptimo de sus funciones pasa por saber que siempre está aprendiendo. También Víctor reconoce que la humildad es un valor que le hace ser más empático, y por lo tanto, trazar mejores objetivos.

La honestidad en la gestión implica actuar con serenidad. A pesar de la vorágine y el trasiego constante que marca una comunidad escolar, un tiempo en silencio te lleva a tomar mejores decisiones, más eficaces y con mayor resonancia. Hay que tener valor para mantener la calma en los momentos más complejos.

Víctor Blastón Alonso considera que el punto de vista del alumno no debe abandonar nunca la visión de un director, porque son ellos el centro de cualquier acción educativo.

El CEIP Asturias es un colegio familiar, situado en un barrio que está en la frontera del municipio; el centro educativo se convierte en un lugar de encuentro, como una gran plaza, donde cualquiera, independientemente de su situación personal, económica o social, tiene un espacio y puede compartir sus experiencias más profundas.

Bastón considera que «tiene suerte» porque el grupo humano que le rodea le ayuda a sobrellevar la soledad que implica la responsabilidad de dirigir el centro educativo. Yo creo que no es cuestión de azar. Considero que es la valía personal la que provoca sinergias para que todos se sientan parte del proyecto.

Los equipos directivos han sido capaces de gestionar una coyuntura compleja en estos últimos años, gestionando una problemática con múltiples factores de riesgos, cuidando de aspectos para los que nadie estaba preparado. Por todo esto, debemos sentirnos agradecidos. Esto no hubiese sido posible sin compañeros como Víctor Bastón Alonso: la humildad es un buen aliado, la alegría un socio imprescindible.

Esta es la entrevista que le hicimos:

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