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El Día del Libro, visitas de autor, derechos y reflexiones varias.

El otro día en el aula estuvimos hablando sobre todos los profesionales que trabajan en la producción de un libro. El escritor, el editor, el diseñador, el maquetador, los libreros, los responsables de la distribución, los correctores, responsables de la comunicación y de las redes sociales o el ilustrador.

Una de las alumnas comentó que a los escritores les pasa como ella, que es agricultora, que es la menos que gana y yo soy la que cultivo.

Aunque no se trata solo de eso.

Este mes recibo muchas llamadas y peticiones para celebrar el Día del Libro con el alumnado. Son visitas en que los compañeros me piden de casi todo: talleres, cuentacuentos, comentar un libro que se han leído, participar en la radio escolar… No son sesiones remuneradas, salvo las de narración oral. Los centros la solicitan porque, o bien el alumnado, o bien el colegio, ha adquirido una colección de libros. Aunque no siempre es así.

Las experiencias son generalmente positivas, pero me gustaría enumerar algunas que no lo han sido.

Fotocopiar libros

Todavía te encuentras con docentes que fotocopian libros sin ningún pudor. Este ejercicio, no solo es contrario a la ley, sino que incumple algunos artículos del Reglamento Orgánico de Centros. Esta práctica destruye al sector. Y no perjudica directamente a los escritores, sino a todos los profesionales que trabajan en el ámbito editorial. O encuentras el libro escaneado y proyectado en una pantalla, «lectura global», le llaman.

Si te gusta lo que haces, ¿por qué cobrar por hacerlo?

Cuando visito o centro o me piden una sesión de narración oral, a veces he estuchado comentarios del tipo «es que te gusta» o «se ve que disfrutas»; y es verdad, pero lo mismo ocurre a muchas profesionales que disfrutan haciendo lo que hacen, y no por ello lo hacen sin recibir nada a cambio. Yo adoro mi trabajo de maestro, pero dejaría de hacerlo si no recibiera una compensación a cambio. Mis facturas no se saldan solas, o por lo menos en mi caso.

Esta circunstancia se da, sobre todo, cuando te piden «un cuentito». Como si una sesión de narración oral apareciese de manera espontánea. Hay un trabajo previo importante y un esfuerzo considerable para armar un espectáculo de narración oral, mucho más relevante y valioso que la propia sesión.

No se imaginan como disfruto narrando historias. Creo que es la manifestación pública que mejor muestra quién soy. Pero sobre todo, lo que me haría feliz de verdad, es comprobar como mis compañeras, que solo viven del cuento, lo hagan con dignidad y sin apuros.

Los libros son caros

«Los libros son caros», es algo que escucho con cierta frecuencia cuando visito un centro escolar.

Aunque también depende de lo que cada uno sostenga que es «barato o caro», y del valor que les demos a los objetos que tenemos a nuestro alrededor; en este caso nos referimos a los libros.

De media, un libro de literatura infantil y juvenil en España cuesta 11,3 €. Los textos de Ciencias Sociales, superan los 24,50 €; los de ficción, los 17 €. La media se sitúa en 19,99, con independencia del género. Un juego de una de las videoconsolas de última generación está sobre los 48 €; el menú de los restaurantes está sobre los 13,9 €; ir al cine 9,9 €, aunque si compras algo para comer o beber, rozas los 16 € —por persona—.

Alrededor del 30 % del coste de un libro corresponde a la distribución. El otro 30 % (aproximadamente), a la librería. Y el resto son gastos de edición, el porcentaje para la Editorial y para el autor.

Si tú pagas por un libro de literatura infantil y juvenil 10 €, aproximadamente, la distribución gana 3 €; las librerías también tienen ese margen, 3 €. El autor, con suerte, suele estar sobre el 0,8 € y 1 €. El resto son gastos editoriales: coordinación de la edición, ilustrador, diseño, maquetación, corrección, promoción, gestión, administración… —entre 2 € y 3 €—. Estas cifras pueden variar. Por ejemplo, librerías en ciertos grandes almacenes o franquicias del sector, piden de esos 10 €, en ocasiones, hasta 5 € o 6 €, por lo que se reduce muchísimo el resto. También puede pasar que el libro se venda muy bien y el escritor pueda negociar otros márgenes. No entro a valorar este reparto. Solo exponerlo para que seamos consciente.

Un libro es para siempre. Un buen libro tiene tantas lecturas como queramos. Es un pequeño tesoro que nos define y que llevamos con nosotros cada vez que nos mudamos, nos trasladamos. Nos acompaña cuando queremos. Solo si eres un buen lector, sabrás a lo que me estoy refiriendo.

Es posible, que los docentes que vociferan que los «libros son caros», lo hace porque no leen o no lo hacen con la frecuencia que sus alumnos y alumnas necesitan.

 

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